miércoles, 29 de noviembre de 2017

Primer llamado: San Andrés


Nació en Betsaida y tuvo el honor y el privilegio de haber sido el primer discípulo de Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y este al ver pasar a Jesús exclamó: "He ahí el cordero de Dios". Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús, Jesús se volvió y les dijo: "¿Qué buscan?". Ellos le dijeron: "Señor: ¿dónde vives?". Jesús les respondió: "Venga y verán". Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde.


San Andrés se fue luego donde su hermano Simón y le dijo: "Hemos encontrado al Salvador del mundo" y lo llevó a donde Jesús quien encontró en el gran San Pedro a un entrañable amigo y al fundador de su Iglesia.
El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue San Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. El santo presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones, viviendo junto a él por tres años.

 En el día de Pentecostés, San Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.
 Cuando Andrés fue condenado a muerte en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia, “solamente le ataron los pies y las axilas, sin clavarle ni las manos ni los pies, y sin quebrarle las articulaciones. Pues tal era la orden que los soldados habían recibido del procónsul, que pretendía atormentarlo dejándolo colgado para que durante la noche fuera devorado por los perros. Andrés permanecerá vivo en la cruz cuatro largos días, durante los cuales, aunque vigilado por los soldados, estará continuamente acompañado por sus seguidores, hasta dos mil, a los que impartirá desde la cruz jugosos sermones. 

Después de que San Andrés fue martirizado, una mujer samaritana entero su cuerpo. En el año 356 sus reliquias fueron trasladadas a la ciudad de Bizancio que se llamó más tarde Constantinopla, y hoy se conoce como Estambul. Luego, en 1462 estas reliquias fueron llevadas a Roma. Así que los dos hermanos, apóstoles martirizados, Simón Pedro y Andrés, volvieron a estar juntos.

Todo lo cual habría ocurrido un 30 de noviembre del año 60, por lo tanto, durante el mandato del Emperador Nerón, de triste recuerdo para la memoria cristiana.

“¡Oh cruz buena! De los miembros del Señor ha recibido su forma eterna, el tan esperado, ardientemente amado, buscado constantemente en la cruz! Ahora anhelo que mi alma este lista. Llévame lejos de la humanidad y entrégame a mi Maestro. A través de ti me puede recibirme Quién me ha redimido a través de ti”.