En el evangelio según San Mateo se alude al sueño de José: “se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: ‘José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo’ ” (Mt 1,20).
Es decir, San José, soñando, está muy despierto, muy disponible para escuchar a Dios. Yo creo que algo así les sucede a los buenos padres y a las buenas madres. Quizá se hayan quedado dormidos o medio traspuestos pero basta un gemido de su hijo para que, como si fuesen receptores de una señal especial, que solo ellos saben descifrar, se despierten al momento.
El papa Francisco, que inauguró su pontificado en la solemnidad de San José, ha hablado de este sueño, el del Custodio del Redentor, en su viaje a Filipinas: “Yo quiero mucho a San José, porque es un hombre fuerte y de silencio y en mi escritorio tengo una imagen de San José durmiendo y durmiendo cuida de la Iglesia”.
San José, es un hombre discreto y decidido. No busca llamar la atención pero hace lo que tiene que hacer, cumple con su misión. Y marca una pauta para que tratemos de actuar como él: “Al igual que San José, una vez que hemos oído la voz de Dios, debemos despertar, levantarnos y actuar”.
