sábado, 3 de febrero de 2018

San Blas Obispo y Martir



El año 1526, el día 2 de febrero, se traslada la Virgen desde la cueva a su nueva ermita. En dicha cueva está ahora también una imagen de San Blas, cuya imagen primitiva fue colocada ahí en 1530, sustituyéndolo más tarde por la actual que es del escultor Fernando Estévez. De esta manera, la cueva seguirá honrada con la imagen de un santo. 
A partir de aquí la cueva denominada de Achbinico cambia de nombre y pasa a llamarse Cueva de San Blas.

La actual imagen de madera de San Blas fue tallada por el escultor tinerfeño Fernando Estévez y posee mucha veneración de la localidad de Candelaria, cada 3 de febrero tras la misa la imagen del santo sale en procesión alrededor de la Plaza de la Patrona de Canarias.



    Hoy Sábado día 3 de febrero a las seis de la Tarde se celebrará la Eucaristía en Honor a San Blas, el reparto del Pan Bendito y a continuación la Imagen de Fernando Estevez, saldrá en Procesión alrededor de la Plaza de la Patrona.



San Blas
Al principio ejercía la medicina, y aprovechaba de la gran influencia que le daba su calidad de excelente médico, para hablarles a sus pacientes en favor de Jesucristo y de su santa religión, y conseguir así muchos adeptos para el cristianismo.
Al conocer su gran santidad, el pueblo lo eligió obispo.

Cuando estalló la persecución de Diocleciano, se fue San Blas a esconderse en una cueva de la montaña, y desde allí dirigía y animaba a los cristianos perseguidos y por la noche bajaba a escondidas a la ciudad a ayudarles y a socorrer y consolar a los que estaban en las cárceles, y a llevarles la Sagrada Eucaristía.

 Pero un día él vio que por la cuesta arriba llegaban los cazadores del gobierno y entonces espantó a las fieras y las alejó y así las libró de ser víctimas de la cacería.
Entonces los cazadores, en venganza, se lo llevaron preso.
El gobernador le ofreció muchos regalos y ventajas temporales si dejaba la religión de Jesucristo y si se pasaba a la religión pagana, pero San Blas proclamó que él sería amigo de Jesús y de su santa religión hasta el último momento de su vida.

Entonces fue apaleado brutalmente y le desgarraron con garfios su espalda. Pero durante todo este feroz martirio, el santo no profirió ni una sola queja. El rezaba por sus verdugos y para que todos los cristianos perseveraran en la fe.
El gobernador, al ver que el santo no dejaba de proclamar su fe en Dios, decretó que le cortaran la cabeza. 
Pero hubo una curación que entusiasmó mucho a todos. Una pobre mujer tenía a su hijito agonizando porque se le había atravesado una espina de pescado en la garganta. Corrió hacia un sitio por donde debía pasar el santo. Se arrodilló y le presentó al enfermito que se ahogaba. San Blas le colocó sus manos sobre la cabeza al niño y rezó por él. Inmediatamente la espina desapareció y el niñito recobró su salud. El pueblo lo aclamó entusiasmado.