
Como consecuencia de la desaparición de la primera imagen, en el temporal de 1826, hubo que realizar las fiestas de febrero de 1827 sin imagen alguna, utilizándose el óleo existente en el Convento de los Dominicos de Candelaria.
Dado el valor religioso de la Virgen de Candelaria, los frailes encargaron al escultor orotavense Fernando Estévez, calificado como "el mejor imaginero tinerfeño" una nueva imagen. Sus cualidades artísticas y el reconocimiento del sentir del pueblo hacia la Patrona de Canarias le hicieron concebir una imagen ligeramente distinta, original, perfecta dentro del estílo neoclásico que, en un primer momento, confundió a los fieles, si bien pronto sería igualmente venerada.
La negrura del rostro puede tener un valor simbólico de gran profundidad; para el peregrino puede significar duda y pecado.
En la alquimiamedieval el negro está considerado como la propia naturaleza femenina. Su forma, trazo de la nariz y los ojos almendrados son una característica oriental propia de estas imágenes, hecho que también se da en la obra de Estévez.
La belleza y perfección en los rasgos de la Virgen actual de 1,60cm, así como en su Hijo, han sido ampliamente comentadas.
Hemos querido recoger este fragmento de la Historia de la actual Imagen de la Virgen de Candelaria, que espera en su Basílica, el encuentro con el pueblo en la noche del uno de Febrero.